Mi pequeña empresa, S. A., o la insoportable levedad de ser empresario
19 noviembre 2015
Autor:
Sección: Gestión

03C20580“Necesitamos mejores empresarios de mente innovadora, aventureros que corran el riesgo para  encontrar nuevas rutas para hacer negocio.”

¿Están nuestras PyMEs realmente preparadas para competir?  ¿Es nuestra empresa capaz de trabajar a lo grande? Son cuestiones  que nos ocupan desde hace ya tiempo, suficiente para haber sido testigos de las ideas expuestas por Gary  Hamel en Compitiendo para el Futuro  y haber presenciado los Hábitos que Destruyen a las Buenas Compañías, sin  que hayamos hecho gran cosa por cambiar nuestra realidad.  Hemos transitado una década llena  de negación, arrogancia, complacencia,  miopía competitiva y no poca obsesión por el volumen. Hace ya más de diez años que  vivimos con la amarga queja de nuestros empresarios no preparados para competir tras la  “invasión” producida a raíz del TLC. Años que se han sucedido queriendo detener lo inevitable, sobreviviendo aún con experiencias crudas acerca de lo difícil que es hacer negocio con la “desleal”  competencia asiática. Pero ¿hemos hecho algo por prepararnos para realmente competir? Antes de llegar a una respuesta categórica, revisemos algunas cuestiones que tradicionalmente han boicoteado muchos  esfuerzos desde el propio seno de nuestras empresas, aunque mejor sería decir, desde su cúspide.

Competitividad
Sabemos que para estar en posición de competir debemos comprometer algo que el cliente  busca o necesita, sea esto un mejor tiempo, un  menor costo, un mayor rendimiento, etcétera. El hacer las cosas a la mexicana ya no está funcionando como antaño, aunque continuamos  pregonando con orgullo nuestra  creatividad para terminar siempre fallando  en mantener un desarrollo constante en el tiempo. Ahora se habla   en una lengua global, de crear una marca país que distinga a  las sociedades del resto, de poder construir una identidad que se muestre ante todos, eso que permite por ejemplo distinguir a una iniciativa  japonesa de una alemana  o una italiana. Y es que cuando volteamos a ver lo que son algunas de nuestras pequeñas empresas, nos damos cuenta de porqué muchas de ellas nunca lograrán ser  lo grandes que se quisiera, perdidas  en un enanismo por la incapacidad de  sus directivos para hacerlas crecer, miopes por la perspectiva que les da el solo pretender ver números en un papel.

 

Por: Lic. Sergio Arturo Jaime Mendoza,
Si desea conocer el texto completo busque nuestra edición de Octubre en todos los Sanborns del país.

Comentarios
No hay comentarios en “Mi pequeña empresa, S. A., o la insoportable levedad de ser empresario”