
Muchas empresas invierten cada año en capacitar a sus equipos. Organizan talle res de liderazgo, comunicación, trabajo en equipo o productividad. Los participantes salen motivados y, durante algunos días, parece que algo está cambiando. Pero después surge una pregunta importante: ¿Qué cambió realmente en el desempeño del equipo? Para un dueño de empresa o director de Recursos Humanos, el objetivo no es impartir cursos.
Quiere personas más competentes, responsables y productivas; líderes capaces de dirigir y equipos que resuelvan problemas sin depender constantemente de sus jefes. El reto está en convertir la capacitación en resultados.
El problema no es capacitar, sino lo que ocurre después
Una capacitación puede tener un excelente instructor y buenos contenidos. El problema apare ce cuando se convierte en un evento aislado. Termina el curso y las personas regresan a una operación llena de pendientes, urgencias y hábitos anteriores. Con el tiempo, gran parte de lo aprendido deja de aplicarse. No necesariamente porque el curso haya sido malo, sino porque conocer una herramienta no significa haber desarrollado la capacidad de utilizarla de forma constante.
Por eso, la pregunta debería dejar de ser: ¿Cuántas horas de capacitación impartimos? Y convertirse en: ¿Qué puede hacer mejor nuestro equipo después de haber sido capacitado? Una sesión puede enseñar. Desarrollar requiere continuidad. Nadie esperaría desarrollar una excelente condición física haciendo ocho horas de ejercicio un solo día y dejando de entrenar durante meses
¿Por qué esperaríamos que el desarrollo profesional funcionara diferente?
Competencias como liderazgo, responsabilidad, comunicación y trabajo en equipo requieren aprendizaje, práctica, aplicación y seguimiento. Una capacitación aislada suele funcionar así:
Curso → información→ entusiasmo → regreso al trabajo
El desarrollo continuo propone:
Aprendizaje → aplicación → seguimiento medición → nuevo aprendizaje mayor capacidad
Esto no significa repetir el mismo curso.
Significa trabajar mediante módulos periódicos y diferentes entre sí, incorporando nuevas herramientas, técnicas aplicables, objetivos tangibles y retos progresivos.
Cada módulo debe aportar algo nuevo y mantener el interés del participante.
• El objetivo deja de ser acumular constancias.
• El objetivo es desarrollar competencias.
Por: Joel Eduardo Maldonado Rodríguez
Socio Director de Grupo Rit-Akadimia