
En la actualidad es más común escuchar que las personas no renuncian a su trabajo, sino que renuncian a sus jefes. Según las encuestas de Gallup, el 50% de los empleados que renunciaron, afirmaron que la razón fue su jefe.
Estos son algunos de los principales comportamientos que vuelven tóxico el liderazgo:
Utilizar una comunicación agresiva:
Estos jefes se comunican desde la frustración cuando los demás no cumplen sus expectativas, gritan y criticar destructivamente utilizando adjetivos que descalifican, degradan o ridiculizan o inclusive pueden caer en la comunicación pasivo-agresiva usando el sarcasmo para expresar su ira. Además, constantemente se enfocan en lo negativo y no agradecen ni felicitan cuando sus colaboradores hacen las cosas bien.
Ser permisivo al querer evitar el conflicto:
Los jefes que por evitar el conflicto dejan de dar retroalimentación, exigir, pedir, corregir, poner límites y tomar decisiones, muchas veces terminan permitiendo que se perpetúen comportamientos tóxicos dentro del equipo. Un buen líder sabe que cuando da retroalimentación de manera constructiva y pone límites, crea espacios donde se abordan los conflictos, con el fin de realizar transformaciones positivas y crecer.
No escuchar y mantenerse cerrado:
Bien sea porque evitan sentirse vulnerables, o porque tienen miedo de que se dañe su imagen y “perder su autoridad”, algunos jefes se comportan tóxicamente cuando no admiten sus equivocaciones ni piden disculpas, por el contrario, culpan a los demás. Tampoco piden retroalimentación, y si la reciben, se cierran a escuchar y reaccionan a la defensiva, o aparentan estar de acuerdo, pero en realidad no tienen en cuenta lo que se les dice.
Crear un ambiente laboral estresante:
Es muy común que, por el afán de cumplir con los objetivos a corto plazo, resolver lo urgente, un jefe empiece a crear un ambiente laboral tóxico en el que sobrecarga de trabajo a su equipo, transmite su estrés a sus colaboradores y contribuye a mantener altos niveles de estrés permanentes. Por lo general, se pierde el balance entre vida personal y laboral, tanto del jefe como de su equipo, lo cual en el largo plazo afecta la motivación, el desempeño, la productividad y el clima laboral.

Por: Maria Vallejo Vera
Reportera