
En los últimos dos años he analizado a más de 500 empresas en cuanto a sus sistemas de compliance y dentro de la línea de investigación, me he enfocado en la parte del liderazgo y su correlación con dos factores muy interesantes: Ego y Poder. El presente artículo muestra un esbozo de la investigación antes mencionada.
Cuando el poder seduce y el propósito calla, el liderazgo se convierte en espectáculo y el riesgo se vuelve silencioso. En ese cruce habitan dos caminos posibles: uno sin con trol y sin dirección, y el otro con brújula ética, con compliance por delante. Quiero invitar al lector a explorar ese contraste entre el antes y el después, el con y el sin compliance apoyándome en datos contemporáneos que revelan cuán crítica es esa decisión.
Apenas hace unos días, leí una noticia que me hizo pensar que los tiempos que vivimos están sumergidos en una paradoja digital. Elizabeth Holmes, fundadora de Theranos y actualmente cumpliendo más de 11 años de condena en prisión, ha vuelto a hacerse presente en X (antes Twitter).
Sus publicaciones, gestionadas por familiares a partir de las llamadas que realiza desde la cárcel, están circulando y generando viralidad. Una vez más, Holmes logra captar la atención pública, incluso tras haber protagonizado uno de los mayores fraudes corporativos de nuestra era. Theranos nació con la promesa de revolucionar la medicina mediante la siguiente propuesta de valor: diagnósticos rápidos y accesibles con apenas una gota de sangre.
Lo que parecía un sueño terminó convertido en uno de los fraudes corporativos más grandes de la historia reciente y un caso en donde estudiamos la ausencia de una cultura con compliance dentro de la empresa. Elizabeth Holmes fue condenada a más de 11 años de prisión por engañar a inversionistas y pacientes. Y sin embargo, hoy, su voz digital resurge con fuerza. Pero no es una historia aislada; es reflejo de un patrón peligroso.
En empresas que operan sin límites éticos, el ego se erige como árbitro absoluto: controla qué se dice, qué se investiga y qué no se cuestiona. En ese entorno: La rendición de cuentas se convierte en murmullo, las decisiones arriesgadas basadas en intuición, y no en evidencia se justifican como “liderazgo audaz”, los errores no se admiten; se ocultan. Se construyen castillos en el aire sustentados por la complicidad del silencio. Y cuando el castillo se derrumba, la caída es brutal: reputación rota, pérdidas económicas, sanciones legales. El poder sin ética jamás resiste la gravedad de la verdad.
Por: Prof. Rodolfo Chacón Rangel
CEO en Con Compliance e investigador de la Universidad de Salamanca, España.