
En los últimos meses, trabajando con equipos de Recursos Humanos y personas líderes, he visto que la conversación sobre Inteligencia Artificial casi siempre empieza sobre qué herramienta usar, qué promete escribir, cómo ahorrar tiempo. Pero cuando la IA entra de verdad a la operación, aparece una pregunta muy incómoda: ¿cómo sabemos si lo que propone tiene sentido para nuestro negocio, nuestra cultura y nuestra gente?, ahí es donde cambia todo.
He visto análisis muy bien presentados que después nadie sabe explicar, perfiles de puesto redactados en minutos que no reflejan la realidad de la operación y propuestas aparentemente impecables que se aceptan con demasiada facilidad porque “las hizo la IA”. Y me doy cuenta que problema aparece cuando la velocidad sustituye al criterio, más que la herramienta de IA en sí, y esto es muy importante porque se trata de un asunto de liderazgo.
Durante años asociamos liderazgo con experiencia, respuestas rápidas y capacidad para resolver. Hoy una herramienta puede resumir información, comparar escenarios, redactar documentos y proponer alternativas antes de que termine una reunión; por eso nos obliga a replantear qué esperamos de una persona líder.
Ya no basta con saber más que el equipo, sino que hay que saber hacer mejores preguntas
Un estudio realizado con 5 mil 179 personas en atención al cliente, encontró que el uso de IA generativa elevó cerca de 14% la productividad, y que el beneficio fue mayor entre quienes tenían menos experiencia. A mí, más que el porcentaje, me interesa lo que hay detrás, sobre la parte del conocimiento que antes tardaba años en adquirirse, puede empezar a circular mucho más rápido dentro de una organización.
Eso es una enorme oportunidad que también puede convertirse en un problema. Si las personas reciben respuestas cada vez más completas sin aprender a cuestionarlas, podemos ganar velocidad y perder capacidad de juicio.
Y cuando eso ocurre en decisiones de selección, evaluación, compensación, desarrollo o liderazgo, la consecuencia deja de ser tecnológica: se vuelve humana y de negocio. Por eso, en las conversaciones que estamos teniendo con empresas sobre adopción de IA, insisto en algo muy sencillo: antes de preguntar ¿qué dijo la herramienta?, alguien tiene que preguntar ¿qué pensamos nosotros?
Por: Perla Torres
Directora de Talentoría, HR Experience & Innovation Partner