
El sector inmobiliario atraviesa una etapa de transformación en América Latina, por la evolución profunda impulsada por el fenómeno del nearshoring, la adopción tecnológica y la alta de manda de vivienda vertical. La presión sobre los costos, la necesidad de optimizar activos, la evolución de los hábitos de consumo y la incorporación de nuevas tecnologías están modificando la forma en que desarrolladoras, constructoras y administradoras gestionan sus operaciones.
Para 2026, las perspectivas del mercado apuntan a un entorno más estable, aunque marcado por mayores exigencias de eficiencia y por la necesidad de responder a un escenario económico y tecnológico cada vez más complejo.
En México, este contexto adquiere particular relevancia por la transformación, lo que hace años se consideraba una oportunidad emergente, hoy se ha convertido en uno de los focos más relevantes para promotores, desarrolladores, fondos e inversores. El mercado industrial, por ejemplo, mostró recuperación y crecimiento en los últimos años, mientras que la construcción de vivienda mantiene objetivos de expansión importantes.
Este 2026, el Gobierno Federal estableció una meta de más de 400 mil viviendas dentro del Programa de Vivienda para el Bienestar. Este crecimiento implica también una mayor complejidad operativa. Un proyecto inmobiliario puede involucrar simultáneamente la identificación de terrenos viables para desarrollo, la definición de presupuestos, la búsqueda de inversiones, financiamiento, proveedores, la gestión de contratos, seguimiento de avances de obra, control de inventarios, ventas, escrituraciones, arrendamientos, mantenimiento sin dejar atrás las obligaciones administrativas y fiscales.
Cuando cada proceso se gestiona mediante herramientas independientes, hojas de cálculo o registros que no están conectados entre sí, obtener una visión completa del negocio puede convertirse en un desafío. Uno de los principales retos de las organizaciones inmobiliarias no necesariamente está en la cantidad de información que generan, si no en su capacidad para convertirla en conocimiento útil para la operación.
Cuando los datos financieros, comerciales y operativos se encuentran dispersos, aumenta el tiempo necesario para elaborar reportes, conciliar información o conocer el estado real de un proyecto. También se incrementa el riesgo de duplicidades, inconsistencias y decisiones basa das en información desactualizada.
Por: Anabel Gutiérrez
Directora de la vertical inmobiliaria y de construcción en Intelisis