Dispepsia: Malestar cotidiano que crece como problema de salud pública

La dispepsia no suele encender alarmas, pero es un padecimiento silencio so que afecta a millones de personas en el mundo. Se manifiesta con dolor o ardor en la parte alta del abdomen, sensación de llenura prematura, inflamación, náuseas y digestión lenta. Para algunos es un episodio esporádico; para otros, un malestar recurrente que impacta su vida diaria, su productividad y su bienestar emocional.

A nivel global, se estima que entre 7% y 9% de la población adulta vive con dispepsia funcional, aquella que no muestra alteraciones visibles en los estudios médicos. En muchos países, este trastorno representa entre el 3% y 5% de las consultas en medicina general. Es un problema frecuente, pero subestimado: acumula costos en estudios diagnósticos, pruebas repetidas, tratamientos crónicos e incluso ausencias laborales.

México: una fotografía propia

En México la dispepsia es un motivo frecuente de consulta médica y hospitalaria. Estudios realizados en población general estiman una prevalencia cercana al 12% de casos de dispepsia no investigada, aunque de pendiendo del grupo y criterio diagnóstico los porcentajes pueden variar ampliamente.

Esta variabilidad no significa incertidumbre clínica, sino una muestra de lo común que es el padecimiento en el país y de lo difícil que resulta diagnosticarlo de manera uniforme. Más allá de las cifras, la dispepsia tiene un costo social silencioso. Son personas que evitan alimentos por temor al malestar, que se saltan reuniones familiares porque no pueden comer fuera de casa, o que conviven diariamente con dolor abdominal que afecta su ánimo y desempeño. En suma, es un padecimiento común pero que rara vez recibe atención mediática o política sanitaria.

Una condición multifactorial

La medicina distingue dos grandes categorías: Dispepsia orgánica, vinculada a gastritis, úlceras uso prolongado de analgésicos, reflujo o infección por Helicobacter pylori, y Dispepsia funcional, en la cual los síntomas no tienen una causa identificable en estudios endoscópicos o de laboratorio. Esta última es la más frecuente y también la más compleja.

Las causas potenciales incluyen motilidad gástrica lenta, hipersensibilidad al ácido gástrico, inflamación microscópica, disfunción del eje intestino-cerebro e incluso factores emocionales como ansiedad y estrés. La interrelación con otros trastornos digestivos, como el síndrome de intestino irritable, complica aún más el panorama clínico.

Imagen de Por: Ana Sofia Osawa

Por: Ana Sofia Osawa

Coordinadora Médica de Biocodex México

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