El riesgo oculto para la salud de los pacientes

El Juramento Hipocrático, concebido en la antigüedad y vigente hasta hoy como principio ético de la profesión médica, establece un compromiso ineludible: velar siempre por el bienestar del paciente y respetar su dignidad. Sin embargo, en el sistema de salud actual, esa promesa parece haberse debilitado. Hoy, un paciente en México pa sa en promedio apenas 15 minutos con un médico especialista y puede tardar entre 6 y 18 meses en recibir seguimiento. El resultado es una relación médico–paciente fragmentada, marcada por la prisa y la distancia, donde la calidad de vida queda en segundo plano.

Las consecuencias son graves. Menos del 50% de los pacientes con enfermedades atendidas en medicina interna siguen su tratamiento, y en salud mental la cifra cae a 35%. El abandono no solo empeora los cuadros clínicos, también genera un efecto en cadena sobre la salud emocional, la estabilidad familiar y los costos del sistema sanitario.

Durante años, la medicina ha avanzado sostenidamente, pero se ha enfocado en diagnosticar, prescribir y controlar parámetros. No es un reproche al médico: muchas veces la sobrecarga de pacientes, la burocracia y la presión institucional dejan poco margen para un acompañamiento más humano.

Sin embargo, este modelo, centrado casi exclusivamente en la enfermedad, ignora un hecho fundamental: salud integral; satisfacción y calidad de vida no son simples efectos secundarios de un padecimiento, sino factores determinantes en su evolución.

Cuando no hay espacio suficiente para la escucha, el paciente corre el riesgo de ser pasivo y dejar el tratamiento solamente al médico, desconocer su propio padecimiento, la enfermedad se convierte en el centro de atención y el acompañamiento pierde fuerza. Ese vacío, más que el padecimiento en sí, puede convertirse en el verdadero riesgo oculto.

Cada vez más evidencia demuestra que la comunicación entre médico y paciente no es un accesorio, sino una parte esencial del tratamiento. Como ejemplos de esta evidencia, una interacción empática puede activar centros de satisfacción en el cerebro, lo que confirma que ser escuchado y comprendido no solo alivia emocionalmente, también impacta en la respuesta fisiológica.

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Por: Javier Coindreau

Director General de Coindreau Medical Coaching

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