
La adopción de la Inteligencia Artificial (IA) en el ámbito corporativo avanza con fuerza, impulsada por beneficios tangibles como la optimización de procesos, el incremento de las capacidades analíticas y un mayor nivel de personalización. Sin embargo, este progreso no puede evaluarse únicamente desde la perspectiva tecnológica: resulta imprescindible reflexionar sobre cómo se integra la IA en las organizaciones.
A medida que las soluciones basadas en IA ganan terreno en los distintos sectores, la conversación se amplía hacia un punto crucial: su implementación responsable. Más allá del brillo de la innovación, el foco debe estar en asegurar que las empresas adopten estos desarrollos con un enfoque ético, transparente y respaldado por buenas prácticas de gobernanza.
Los datos revelan un desafío: aunque el 73% de las compañías en Norteamérica planea ampliar el uso de IA, solo el 58% ha realizado una evaluación de riesgos legales o éticos. Esta brecha plantea una pregunta clave: ¿cómo equilibrar innovación y responsabilidad?
En México y Latinoamérica, donde la regulación todavía está en desarrollo, es te interrogante adquiere una relevancia crítica. Es urgente impulsar lineamientos de ética y gobernanza alineados con marcos internacionales, como el de la Unión Europea y las recomendaciones de la OCDE.
El panorama se vuelve aún más complejo si consideramos que el 95% de las organizaciones que ya utilizan IA carecen de esquemas formales de gobernanza.
La OCDE advierte que muchas empresas enfrentan barreras técnicas y culturales para construir modelos éticos sostenibles. A ello se suma un fenómeno creciente: el uso informal de IA conocido como shadow AI que introduce vulnerabilidades significativas al procesar datos sin supervisión ni trazabilidad adecuadas.
Por: Antonio Paulo
Country Manager de Stefanini México