
Hay pérdidas que no aparecen en ningún estado financiero, no las detecta una auditoría, no las seña la un indicador de desempeño, y pocas veces alguien las nombra en una junta directiva. Sin embargo, están ahí, todos los días, erosionando silenciosamente la productividad, el clima laboral y los resultados de la empresa. Estoy hablando del costo de la mala comunicación. Durante más de 25 años acompañando a organizaciones de distintos sectores, he aprendido algo que parece simple, pero tiene consecuencias profundas: los problemas que más le cuestan a una empresa normalmente tiene que ver con el factor humano y en ello tiene que ver la comunicación.
Lo que los números revelan
Las cifras confirman lo que muchos líderes ya intuyen, pero pocas veces detienen a calcular.
Según Gallup, la desmotivación provocada por una comunicación ineficaz representó 438 mil millones de dólares en productividad perdida en un solo año a nivel global. Por su parte, una encuesta de Fierce Inc. aplicada a más de 1,400 ejecutivos, colabora dores y educadores reveló que el 86% considera que la comunicación deficiente es la causa raíz del fracaso en los proyectos empresariales. Y, sin embargo, las empresas siguen invirtiendo en software, procesos y tecnología, mientras el factor humano, la manera en que sus equipos se escuchan, se expresan y se entienden, permanece sin atención.
Hay algo más que llama la atención: según un re porte de Axios HQ, el 80% de los líderes cree que su comunicación es clara y relevante. Solo el 50% de sus colaboradores está de acuerdo. Esa brecha, invisible en el organigrama, es donde se pierden los proyectos, se fracturan los equipos y se va el talento.
El problema no es la información, es la forma de comunicar
Cuando trabajamos con equipos directivos, solemos encontrar el mismo patrón: se comunica mucho, pero se conecta poco. Hay juntas, correos, presentaciones, reportes, hay palabras. Lo que falta, con frecuencia, es escucha real y activa. La escucha activa no es esperar el turno para hablar, es una habilidad que se ejerce de manera consciente e intencional: la capacidad de comprender no solo lo que se dice, sino lo que no se dice. El tono que revela incomodidad. La duda que no se expresó. La resistencia que se oculta detrás de un “sí” forzado. Un líder que no escucha de esa manera, toma decisiones con información incompleta, por más datos que tenga frente a él.
La escucha activa también transforma la dinámica entre áreas. Cuando el área de ventas escucha de verdad a operaciones, cuando recursos humanos comprende el contexto real de cada colaborador, cuando un gerente no solo transmite objetivos, sino que abre espacio para el diálogo, el resultado cambia. Los equipos se alinean más rápido, los conflictos se resuelven antes de escalar y la confianza se construye sobre algo sólido.
Por: Óscar Espejel Leguizamo
Director General de Xpresión Centro de Capacitación Artística