La adopción de la Inteligencia Artificial en el entorno empresarial avanza a un ritmo acelerado. En 2024, la inversión global en IA alcanzó los 124.300 millones de dólares, una cifra que refleja su papel central en la transformación digital. Sin embargo, este crecimiento no ha venido acompañado, en la misma pro porción, de una gestión ética y sustentable de la tecnología.
La brecha entre innovación y responsabilidad es hoy uno de los principales riesgos asociados al uso de la IA en las organizaciones.
Sesgos algorítmicos y riesgos sociales
Uno de los desafíos más documentados es el sesgo en los sistemas de IA. Estudios académicos y gubernamentales han demostrado que herramientas como el reconocimiento facial presentan tasas de error de hasta 34.7 % en mujeres de piel oscura, frente a solo 4.8 % en hombres blancos.
Estos datos evidencian que los sistemas no son neutrales y que replican, e incluso amplifican, desigualdades existentes cuando no se gestionan adecuadamente. Desde una perspectiva empresarial, es tono es solo un problema ético, sino un riesgo operativo, legal y reputacional. Decisiones automatizadas sesgadas pueden afectar procesos de selección, evaluación de clientes, acceso a servicios o seguridad, con consecuencias difíciles de revertir.
Huella ambiental de la IA y sostenibilidad
La sostenibilidad es otro punto crítico. El uso intensivo de IA, especialmente de modelos generativos, implica un alto consumo energético. El 48% de los ejecutivos reconoce que la adopción de IA Generativa ha incrementado las emisiones de gases de efecto invernadero en sus organizaciones.
Aun así, solo el 12% mide de forma sistemática la huella de carbono asociada a estos sistemas. Las empresas que sí realizan esta medición, anticipan que la proporción de emisiones atribuibles a la IA podría pasar del 2.6% al 4.8% del total en los próximos dos años.
Esta falta de control contrasta con el potencial positivo de la tecnología: las organizaciones que utilizan IA son 4.5 veces más propensas a obtener beneficios relevantes en sus estrategias de descarbonización. La IA, por tanto, no es intrínsecamente insustentable, pero sí requiere una gestión consciente de su impacto ambiental.
Por: MBA. Erwin Klaus Gérman Phinder
Director General en Klaus Gérman Ph&Asociados