La salud mental emocional no es un asunto privado ni un lujo corporativo, es un recurso estratégico

En un entorno de alta competencia, las empresas invierten en tecnología, infraestructura y capacitación para elevar su eficiencia. Sin embargo, con frecuencia descuidan el factor del que depende el aprovechamiento de esas inversiones: la salud emocional de las personas. Lejos de ser un asunto exclusivo del área médica o de bienestar, la salud emocional es un recurso estratégico. Influye en las decisiones, la colaboración, la innovación, la permanencia del talento y la respuesta ante la presión.

 Cuando el entorno laboral deteriora el bienestar psicológico, el costo no solo lo pagan las personas; también lo absorbe el negocio.

La Organización Mundial de la Salud estima que la de presión y la ansiedad ocasionan la pérdida de 12 mil millones de días de trabajo cada año, con un costo aproximado de un billón de dólares en productividad. Asimismo, la evidencia internacional señala que ampliar el tratamiento de estos padecimientos puede generar un retorno de cuatro dólares por cada dólar invertido, como resultado de una mejor salud y una mayor capacidad de trabajo.

Estas cifras obligan a cuestionar una idea arraigada: que los problemas emocionales pertenecen únicamente a la vida privada.

 La salud mental es resultado de la interacción entre factores individuales, familiares, sociales y organizacionales. Por ello, el trabajo puede convertir se tanto en un espacio protector como en una fuente de desgaste.

Aquí cobran relevancia los factores de riesgo psicosocial. Sobrecargas de trabajo, jornadas excesivas, funciones ambiguas, falta de autonomía, liderazgo deficiente, violencia laboral y ausencia de reconocimiento pueden incrementar el estrés y afectar el bienestar. Sus consecuencias aparecen en la concentración, la creatividad, la toma de decisiones y la calidad del desempeño, incluso antes de que exista un diagnóstico clínico.

Un colaborador emocionalmente agotado puede tardar más en resolver problemas, cometer más errores, evitar decisiones, disminuir su participación o necesitar mayor esfuerzo para sostener el mismo rendimiento. Cuando esta condición se extiende a un equipo, la empresa enfrenta una pérdida silenciosa de productividad que rara vez se registra como un costo asociado con la salud emocional.

Cinco señales que Recursos Humanos no debería ignorar

El deterioro emocional rara vez ocurre de manera repentina. Generalmente deja señales tempranas que deben observarse con responsabilidad, sin etiquetar ni diagnosticar a los colaboradores.

1. Cambios sostenidos en el comportamiento. Más que un mal día, importa una modificación persisten te: pérdida de iniciativa, retrasos frecuentes, menor participación o desinterés por actividades que antes resultaban motivadoras.

Imagen de Por: Emily Chávez Daumas

Por: Emily Chávez Daumas

Maestra en psicoterapia

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