
La estructura empresarial mexicana permanece atrapada en un fenómeno de estancamiento crónico donde las microempresas siguen siendo micro, las pequeñas rara vez se convierten en medianas y únicamente una proporción mínima alcanza niveles de consolidación empresarial relevantes.
El problema no radica solamente en la mortalidad empresarial, sino en la incapacidad estructural de crecimiento. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en México existen más de 5.4 millones de unidades económicas, de las cuales aproximadamente 95.5% corresponden a microempresas. Las pequeñas y medianas representan apenas alrededor de 4.3%, mientras que las grandes empresas no alcanzan siquiera el 0.2% del total nacional. (inegi. org.mx).
Durante décadas, las micro, pequeñas y medianas empresas han sido definidas como el motor económico de México. El discurso institucional las reconoce como generadoras de empleo, impulsoras del consumo interno y pilares fundamentales del desarrollo regional. Y, en términos cuantitativos, esa afirmación es correcta. Las MiPyMES representan más del 95% de las unidades económicas del país y generan una proporción significativa del empleo nacional. Sin embargo, detrás de esa narrativa existe una realidad mucho más compleja y preocupante: México es un país donde miles de empresas nacen cada año, pero muy pocas logran evolucionar.
El dato resulta todavía más significativo cuando se analiza históricamente. Desde hace varios años, la composición empresarial del país mantiene prácticamente la misma distribución. Es decir, el ecosistema económico mexicano genera constantemente nuevos negocios, pero no logra transformar de manera sostenida a las microempresas en organizaciones con mayores capacidades operativas, financieras y estratégicas. En otras palabras, México emprende mucho, pero consolida poco
El problema adquiere dimensiones más delicadas cuando se observa la esperanza de vida de los negocios. Datos del propio INEGI muestran que la vida promedio de las empresas en México ronda los 7.8 años, aunque en sectores específicos y en microempresas puede ser considerablemente menor.
Sectores como restaurantes, comercio minorista tradicional, negocios de moda, servicios estéticos, pequeños contratistas, empresas turísticas y múltiples emprendimientos digitales muestran niveles particularmente altos de mortalidad empresarial. En muchos de estos casos, las organizaciones ni siquiera alcanzan el promedio nacional estimado de vida, reflejando la fragilidad estructural con la que operan miles de MiPyMES mexicanas. La alta rotación empresarial refleja un fenómeno persistente: muchas empresas sobreviven únicamente en condiciones mínimas de operación y ter minan desapareciendo antes de consolidar estructuras organizacionales sólidas
Por: Alejandro Mancera Rodríguez,
Doctor en Alta Dirección y Negocios.
Socio y Director General de Altus
Nova Group