Día de Muertos en San Andrés Mixquic

El Día de Muertos es una de las tradiciones más significativas de la historia de México. Tan es así, que en 2003 fue declarada como Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por sus siglas en inglés).

Diversos lugares por toda la república mexicana integran decenas de componentes entre ceremonias, platillos gastronómicos, danzas, elementos decorativos, entre muchos.

Sin duda, un pueblo caracterizado por su amplia costumbre en cuanto a esta fecha se refiere, es San Andrés Mixquic; localizado en la delegación Tláhuac y catalogado como uno de los Barrios Mágicos de la ciudad.

En entrevista para Consultoría, Ricardo Flores Cuevas, promotor cultural de este sitio desde hace más de 13 años, comparte su experiencia.

“Una de las características de los Días de Muertos en Mixquic, es la ceremonia de Alumbrada que se realiza en el cementerio del lugar. Coincidentemente, el panteón se localiza dentro del atrio del templo de San Andrés Apóstol desde el siglo XVI”, comenta.

El ritual

Para el entrevistado, la celebración se divide en dos aspectos: Público. Se refiere a aquellas actividades que se realizan de manera externa a la familia: las visitas al mercado local, la preparación personal del pan de muerto en los hornos de las panaderías, entre otras.

“Es toda una fiesta. Hay puestos de comida, eventos culturales y mucha gente. Se puede confundir con una verbena; pero lo que hay en la calle no tienen nada que ver con las ceremonias que se viven dentro de las casas”.

Privado. Es lo más importante para los residentes de Mixquic: la tradición familiar. Cada hogar monta una ofrenda de manera diferente. En algunas está prohibido el ruido.

“Son días de recordar la presencia, olor, voz y demás del ser que ya no está. Dicen que cuando alguien muere, muere una parte de nosotros; nos recordamos como lo que ya no somos. En ese sentido, el acto de recordar remarca la fecha”.

Según explica, la conmemoración inicia el 29 de septiembre, día de San Miguel; las familias limpian y adornan las tumbas con flores.

Posteriormente, es hasta el 28 de octubre que se coloca la primera ofrenda para recibir a las almas de personas fallecidas en accidentes.

El 31 de octubre se esperan a las ánimas infantiles; y el 1 de noviembre a las adultas, que se despiden al día siguiente con la ceremonia de la Alumbrada.

Por: María Luisa López T.

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